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¡A por ellos! PDF Imprimir E-Mail

Cuando contemplamos la arenga que el triunvirato capitalino, de frentes plateadas y mentes despejadas, nos ofrece como incentivo la campaña de apoyo a la Selección Española de Fútbol y planificación comercial del mes de Febrero, no podemos por menos que echarnos a temblar.

Los próceres, con su agresivo verbo, deberían pensar qué efecto es el que buscan y cuál es la motivación que se desea de una plantilla que mayoritariamente no querría que sus hijos pasaran por lo que ellos están pasando, en la que la mayoría de los empleados en edad de prejubilarse están deseando irse y los que no llegan a esa edad tan sólo esperan poder cumplirla.

Con un ambiente laboral cada vez más enrarecido y avinagrado, donde cada trimestre supera al anterior en tensión, en presiones, en objetivos, en productividad y en todo tipo de armas contra la estabilidad emocional de la plantilla, las sutiles alusiones a tácticas futbolísticas, con continuas referencias al ataque por la bandas, buscando cuatro ventas diarias por gestor, la referencia a una tarjeta roja no hace sino alertar del peligro que supone para los trabajadores quedarse en fuera de juego, es decir, no alcanzar los objetivos que tan “afablemente” nos imponen.

Cuando escuchamos, con la vehemencia de la que son capaces aquellos que están por encima de la realidad cotidiana -y fuera de ella- las sutiles apelaciones al ataque, no se puede dejar de pensar en la táctica propuesta para llevar a cabo esta ofensiva. El eco de ¡a por ellos! resuena en el mensaje, pero con la incertidumbre de quiénes son los destinatarios del envite y la sospecha de que vaya dirigida a los propios trabajadores.

Los avezados estudiosos de las tácticas futbolísticas podrían pensar que la estrategia se llevará a cabo con una pizarra en un 4-3-3 o un 4-4-2. La realidad sin embargo es que la estrategia es mucho más simple: consiste en el 4-3-2-1. Es decir, donde haya cuatro, se quedan tres; donde tres, dos, y donde dos, uno. Y ese uno es el que debe atacar por la derecha y por la izquierda, el que deber hacer los famosos cuatros contratos diarios, el que se debe ocupar de las tarjetas, de captar, de vincular, de las pymes y de evitar que le saquen la tarjeta roja o de recibir las amonestaciones de rigor por parte de los linieres, que no son otros que los directores de zona que, banderín en mano, no tienen otra función que vigilar que los esforzados jugadores cumplan con los objetivos.

Tan desaforada actuación por parte de los jueces o árbitros de esta contienda puede tener un efecto contraproducente, pues con una plantilla escasa, con escasos recambios, con salarios de tercera, que además están rebajando vía eliminación de complementos, no se puede pretender jugar en todas las competiciones y menos aún pretender ganarlas. Cuando un equipo falla, los responsables son los entrenadores y cuando un árbitro se equivoca en sus decisiones, además de soportar los improperios de la grada, corre el riesgo de tener que salir escoltado por la policía.

Quién vigila que las normas laborales se cumplan y que los trabajadores –jugadores- no sean vapuleados, somos los Sindicatos, y desde la UGT daremos puntual respuesta a cada una de la agresiones que se produzcan.

(Ver circular en Pdf de Madrid)

 
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